Dos actitudes que destruyen

como tratar con un hombre irritable

Dos actitudes muy destructivas!

En nuestra relación de pareja, a menudo olvidamos que tenemos un 50% de responsabilidad sobre esta empresa llamada matrimonio. Que nuestra pareja se sienta más o menos feliz, no solo depende de cómo sea nuestro compañero de vida, sino también del día a día. Vivir juntos, convivir durante años, puede llevarnos a la rutina, pero también a aburrirnos de lo que no nos gusta de nuestra pareja. Es necesario asumir que nos vamos modelando. En pareja, nuestra conducta afecta al otro y la suya nos afecta. Por eso, lo mejor que podemos hacer, es tomar consciencia de nuestro 50% y hacerlo lo mejor posible. Asumir plenamente, al 100% la responsabilidad sobre la parte que nos toca.

Uno de los puntos a los que es necesario prestar atención es a estas dos actitudes destructivas de las que hablaremos a continuación.

La queja:  Cuando nos quejamos estamos sacando fuera nuestras emociones. Estamos expresando dolor, resentimiento, nos quejamos cuando algo nos frustra. Expresamos en voz alta una queja para dejar claro lo que nos disgustó de una situación, mostramos nuestra disconformidad sobre algo que ha sucedido, o incluso expresamos  con una queja esa expectativa que teníamos que no se cumplió.

El reclamo: Cuando reclamamos a nuestra pareja por algo que ha hecho o que no ha hecho, estamos protestando, buscando que se cumpla eso que creemos que “debería” hacer, reclamamos con exigencia que haga algo, o le reclamamos porque no ha cumplido una norma que nosotras tenemos.

Convivir no es un mundo color de rosa. Somos diferentes, y precisamente porque es bueno para nuestra relación que seamos diferentes, cada uno de nosotros ve las cosas de una manera, tenemos opiniones distintas, sobre TODO!!! Desde cómo se lavan los platos, hasta cómo es la mejor manera de vivir, pasando por la educación de nuestros hijos, el tiempo libre, la familia, las inversiones, el color de las cortinas….. decenas, miles de momentos donde opinar diferente. Eso quiere decir que tenemos miles de oportunidades para entrar en conflicto si no tenemos una buena gestión emocional, si dejamos escapar nuestras quejas y reclamos sin pensar en los resultados futuros de una relación donde el reclamo y la queja forman parte de la vida diaria.

Cuando tu pareja se queja de ti y te reclama a menudo, lo más normal es que se vayan generando discusiones y que incluso se sientan ofendidos por el otro, con lo que una relación matrimonial se va deteriorando y entrando en crisis. Si algo no nos gusta, si necesitamos expresar nuestras emociones de disconformidad, frustración, incomodidad, la queja y el reclamo no suelen solucionar nada. NO son una manera efectiva de solucionar una diferencia, un problema, sino todo lo contrario. La queja y el reclamo solo aumentan la distancia emocional y empeoran las cosas en la pareja.

Destructivas. Si, es el momento de tomarnos esto en serio y de poner de nuestra parte si somos quienes nos quejamos o reclamamos con insistencia a nuestro compañero de vida. Una persona quejica, no solo no consigue aquello por lo que se queja, sino que además, consigue deteriorar su pareja, que su esposo se sienta incómodo, atrapado en una relación donde no le es fácil sentirse a gusto.

Quejarnos, aunque no sea de lo que hace nuestra pareja, es improductivo. ¿Realmente nos aporta algo, como pareja, que yo me queje al llegar a casa de lo que no me ha gustado de mis compañeros de trabajo o de mi jefe? ¿Realmente es oportuno que yo le reclame a mi pareja que cumpla con todas mis expectativas?

Cuando una persona se siente atacada, no puede escuchar para comprender, sino que escucha para responder, para defenderse de ese ataque. Y la queja puede personalizarse y sentirse como un ataque personal. Si yo me quejo, por ejemplo, de que la casa no está acomodada, o pintada, mi pareja puede sentir que le estoy diciendo: Tú no has pintado la casa, o Tenemos la casa así de mal por tu culpa. Con lo que tras escuchar nuestra queja, en lugar de decir, Si, tienes razón, estaría más bonita nuestra casa si la pintáramos, lo más probable, si ha personalizado nuestra queja, es que se defienda, que nos diga con acritud, con malos modos, que Siempre estoy con lo mismo, que si no vemos que no tiene tiempo, que nunca valoramos todo lo que hace y solo hablamos de lo que no hace….

Quejarnos y Reclamar son improductivos y destructivos.

Sin embargo, como ya hablamos, nos quejamos como medio para expresar nuestras emociones. Y las emociones no es buena guardarlas, acumularlas, meterlas gota a gota en un vaso, porque a la larga acabamos sintiéndonos ahogados por el dolor, el resentimiento o la frustración. Tan destructivo es, a largo plazo, callar todas nuestras emociones, por no enfrentarlas, que soltar todo lo que sentimos, sin tener empatía ni asertividad.

La empatía y la asertividad son indispensables, y pilares fundamentales de una buena comunicación en pareja. Puedes leer como superar una crisis matrimonialmás sobre esto en mi libro El arte de No amargarse el Matrimonio.

Antes de “soltar” lo que nos duele, o cuando nos damos cuenta que estamos “callando” lo que nos disgusta para evitar el conflicto, es necesario tomarnos un tiempo para pensar, para hablar con uno mismo, y para preparar a conciencia la conversación en la que vamos a expresar con pleno respeto y sin apuntar con el dedo acusador al otro.

Solemos cometer el error de empezar a hablar desde la situación que nos incomoda, y no desde cómo nos sentimos. Ponemos énfasis en lo que nos desagrada del otro, cuando la manera más sana de enfocar esta conversación es centrándolo en nuestras emociones.

Los demás “no ven” nuestros sentimientos. Nosotros no sabemos qué le molesta o le duele al otro. Por eso, la comunicación asertiva y empática, la escucha activa, el no personalizar y el no culpar ni acusar el otro son fundamentales para mantener una relación sana y en crecimiento.

No es lo mismo escuchar: No me gusta que hables de mi, no me gusta que digas que no me gusta la salsa de tomate, que escuchar: ¿Sabes cariño? Me siento incómodo cuando dices en un restaurante, con amigos, que no me gusta la salsa de tomate. Para mí sería mejor que no lo explicaras a los demás, me sentiría mejor y más a gusto. Gracias! 

Si algo nos duele, y lo soltamos atropelladamente, esa discusión o conflicto le dolerá a nuestra pareja. No se centrará en comprender qué le estamos diciendo, no podrá escuchar y comprender nuestras emociones, como nos hemos sentido para decirle esto, sino que se quedará con la “forma” en la que le dijimos las cosas, con el dedo acusador que le señala, y eso irá minando nuestra relación de pareja.

Si actuamos de manera pasiva, acumulando gota a gota las situaciones que nos incomodan, corremos el riesgo de explotar por la presión acumulada. Jamás discutimos desde cero, porque por lo general, con nuestro cónyuge, los temas susceptibles de generar conflictos suelen ser los mismos, año a año, y eso hace que cada nuevo conflicto se viva desde la misma presión en la que acabó el anterior, que aún no hemos resuelto.

Si tu pareja no se queja nunca, ni te reclama nada, puede estar acumulando emociones dolorosas. Intenta ponerte en su lugar, busca no imponer cómo hacer las cosas, respeta que pueda opinar diferente, incluso aprende a reconocer su lenguaje corporal para detectar cuándo se está sintiendo mal aunque no hable.

Si tú, en el pasado, te has quejado demasiado, si en lugar de valorar lo bueno de tu pareja, has hecho lo contrario, reclamándole cuando algo no te ha gustado, luego de analizar tu actitud, intenta encontrar un momento propicio para decir: Lo siento. Para decirle; Perdóname, se que pones lo mejor de ti, no debería haberme quejado.

Responsabilizándote al 100% de tu 50% mejorarás tu vida y también la suya.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

Si tienes dificultades para comunicarte, si usas mucho la queja y el reclamo, y no sabes cómo detener esta conducta. Si por el contrario hay situaciones que te duelen y las vas tragando y acumulando, en ambos casos hay solución. Pedir ayuda es valorar nuestra familia, es amar a nuestros hijos y es responsabilizarnos de nuestra propia felicidad. Trabajar en mejorar, en nuestro crecimiento personal es la mejor inversión que podemos hacer para nuestro futuro.

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