Las discusiones que van llenando el vaso

divorce-908743_960_720Nuestra mente recuerda, fija, con mayor intensidad, esos momentos que emocionalmente han sido muy intensos. Tanto los negativos como los positivos. Durante nuestras vidas hay infinidad de situaciones, millones, tantas que para nuestra mente sería un gasto ingente de energías y recursos “guardar” todas aquellas vivencias para rememorarlas en cualquier momento.

¿Cómo decide nuestra mente cuáles recordar y cuáles no? Realmente no es en sí una decisión sino un proceso bioquímico del cerebro.

Nos queda mucho por conocer del funcionamiento de este órgano que tiene el poder de dominar nuestra vida… Pero gracias a un grupo de neurólogos y psicólogos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Wake Forest, se tiene ahora pruebas científicas del proceso en el que nuestra mente fija los recuerdos.

El proceso bioquímico que se origina en nuestra mente tras una emoción de gran intensidad es el siguiente.

1. Tras esa emoción, nuestro cerebro libera un neurotransmisor llamado norepinefrina o noradrenalina.

2. Éste neurotransmisor estimula el bulbo olfatorio, y éste a su vez, libera una proteína, la quinasa C (PKC, en inglés).

3. Esta proteína es la responsable de fijar nuestros recuerdos en las neuronas encargadas de la memoria a largo plazo, sin ninguna decisión consciente por nuestra parte.

Si te pregunto qué estabas haciendo tú el 11 de septiembre, es muy probable que lo recuerdes. Si te pregunto por el primer instante en el que viste a tu hijo tras nacer, es muy probable que lo recuerdes. Si te pregunto por el momento en el que te enteraste de la muerte de un ser querido, es muy probable que tengas un recuerdo muy nítido de ese momento.

Aquello que ha sido emocionalmente intenso se recuerda, mientras que las situaciones cotidianas, agradables pero no fantásticas pasan al olvido.

Una vez dicho esto, me gustaría centrarme en el tema de este artículo.

Discutir va llenando un vaso amargo…

Discutir, sentirnos incomprendidos, a lo largo de meses, años de relación con nuestra pareja puede generar grandes dosis de dolor. Esta carga emocional hace que en nuestros recuerdos queden grabadas con gran nitidez las emociones vividas durante discusiones o desacuerdos.  Como pequeñas gotas, mes tras mes, van llenando un vaso. En cambio, los momentos tranquilos, agradables, placenteros, que pueden haber sido más numerosos, no han corrido la misma suerte porque nuestra mente no consideró que fueran emociones tan fuertes como para generar un recuerdo permanente.

El dolor de discusiones que para uno han sido por tonterías, pero que han tenido la capacidad de desbordar al otro, es algo que quien cree que ha sido una discusión tonta, no percibe, no es consciente de ese dolor. Es por eso, que podemos quedarnos asombradas ante críticas del pasado sobre situaciones que para nosotras no han sido dolorosas, pero si para nuestra pareja.  Nuestra mente no había sufrido en ese momento concreto en el que nuestra pareja si ha sufrido, por eso no tenemos un recuerdo nítido de la situación.

¿Te ha ocurrido que tu pareja te ha reprochado algo del pasado, un momento en el que se sintió muy mal y tú tienes que hacer un gran esfuerzo para intentar recordarlo? Pues si, se debe a que para tu pareja fue algo intenso mientras que tú no eras consciente de esto.

Aquello que no decimos no existe para los demás. ¿Cómo podemos saber que a nuestra pareja le ha molestado algo,o incluso saber qué fue concretamente lo que le ha molestado si no fuimos conscientes?

Tenemos un órgano en nuestro cuerpo que es el encargado de tomar decisiones tan trascendentales como pedir el divorcio a nuestra pareja, del que desconocemos su funcionamiento. Asumimos como verdad aquello que nuestra mente nos trae a la memoria, cargado de emocionalidad, y actuamos siguiendo esos pensamientos.

Pero con gran negligencia dejamos de lado todas las situaciones que no han dejado grabada su huella en nuestra mente, nos centramos en reprochar lo que nos ha dolido, olvidando por completo que en 15 o 20 años de relación de pareja ha habido millones de momentos hermosos, que por este mecanismo arbitrario de nuestra mente, de pronto, dejan de tener ninguna validez.

Olvidamos lo ocurrido, olvidamos como fue exactamente la situación, olvidamos lo que dijimos, lo que nos dijo nuestra pareja, olvidamos como un “hazlo como tu quieras” nos quitó a nosotros la responsabilidad sobre el resultado final, cómodamente, y la depositó toda sobre la otra persona, injustamente, olvidamos…. solo grabamos como nos hemos sentido.

Al trabajar con personas que en sus relaciones de pareja se enfrentan al divorcio hay una situación que se repite de manera casi “calcada” en muchas de las parejas.

El hombre, tras 15 o 20 años de casado, con una edad comprendida entre los 35 y los 50 años, de pronto empieza a comportarse con agresividad hacia su esposa. Todo lo que ella dice le parece mal, todo lo que opina, lo que propone, lo que hace le provoca sentirse incómodo. ¿Qué ocurre? ¿Por qué este hombre se siente así?

Por lo general, lo que hay detrás de esa repentina agresividad del hombre es una falta de asertividad.

Permíteme que te lo explique con un ejemplo.

Pedro y Ana van a hacer un viaje. Están hablado sobre la ruta que escogerán para llegar a su destino. Pedro propone ir por XX, mientras que Ana propone que pueden ir por ZZ. Por ambos caminos es posible alcanzar el destino escogido, pero cada uno tiene “algo” por lo que le parece que la mejor opción es la suya. Pedro vuelve a repetir que para él es mejor ir por XX. Y Ana, que también está convencida que su idea es mejor, vuelve a insistir en que deberían ir por ZZ.

¿Realmente esto es tan importante?  Si tanto por ZZ como por XX pueden llegar a destino, el hecho de ir por un sitio u otro no es tan relativo. Pero mientras los dos siguen defendiendo su postura, entre los dos convierten la preparación de un viaje en algo que daña su relación de pareja. Pedro, tras varias veces de insistir, al final empieza a sentir que se altera,  y para no discutir se rinde, le da la razón a Ana y hace las cosas como ella lo planteaba.

En este momento, el hombre, que ha dejado de defender su postura, porque le resultaba más importante protegerse de una posible discusión, evitar sentirse desbordado, se retira sintiéndose vencido. Pensaba que su opción era la mejor, pero se ha rendido porque en ese momento defenderla le estaba produciendo dolor al no poder hacer que su pareja le comprendiera, cediera, le diera la razón. Este momento, de una intensidad emocional considerable, se graba en su memoria.

Mes tras mas, en una relación de 15 o 20 años, surgen infinidad de momentos donde ambos miembros de la pareja opinan diferente, donde cada uno ve su parte de la realidad, basado en las explicaciones que le de su mente sobre como “deberían” ser las cosas, sobre qué decisión sería mejor, etc… Y cada momento en el que el hombre se ha sentido desbordado, o al borde de estarlo, se ha grabado intensamente en su mente. Ha sido una gota que ha ido a parar a su vaso. En cambio, para la mujer, ese hecho no ha tenido una intensidad emocional tan importante como para grabarse en su mente.

Muchas mujeres con las que trabajo se muestran sorprendidas cuando sus esposos, luego de algunos meses de irritabilidad, de llevar una relación casi muda, empiezan a soltar, a escupir todas aquellas situaciones que les han molestado desde incluso antes de casarse. Para ellas resulta demoledor escuchar tanta agresividad de parte de sus parejas, ellas no han vivido la situación como la han vivido ellos, no lo comprenden porque ellos, en esas situaciones, no han sabido expresar lo que sentían, no han defendido su postura para evitarse el desbordamiento y se han rendido. La mayoría de las mujeres me expresan: “Si esto para mi no era importante, me hubiera dado igual hacerlo como él lo planteaba, si hubiera sabido lo importante que era para él, si me lo hubiera dicho, lo habríamos hecho como él quería”.

Y la respuesta de estos hombres es: Te lo dije, intenté decirtelo miles de veces pero tú no me escuchabas. Nunca me has escuchado.

En estas conversaciones también hay otro punto importante a tener en cuenta, y este es “Los pensamientos distorsionados”. Nuestra mente percibe la realidad de acuerdo a como la describimos. Si yo digo “nunca me has escuchado” automáticamente mi cerebro se centro SOLO en los momentos donde no me he sentido escuchado. Filtra la realidad dejando sobre la mesa la parte de realidad que más daño ha hecho a la relación, mis fallos a la hora de comunicarme, mis fallos a la hora de expresarme con asertividad, mis fallos derivados de mis propios pensamientos automáticos.

Se que este artículo es muy extenso, pero la gravedad del asunto lo requiere. El funcionamiento de nuestra mente, sumado a nuestros errores por falta de asertividad, por deficiencias a la hora de comunicarnos, por falta de inteligencia emocional y por tener pensamientos automáticos puede dejar a nuestros hijos viviendo con uno solo de nosotros, cambiarles su futuro para siempre, sin remedio. Por eso para mi es tan importante poder exponer en este artículo algo tan crucial como es el motivo por el que algunas personas se sienten incomprendidas, y llegan a pensar en el divorcio como única solución para su dolor ante estas situaciones.

Ambos cometemos fallos. Y uno muy importante es intentar tener la razón si para eso discutirmos y vamos llenando el vaso de nuestra pareja.

A veces, pagan nuestros hijos un precio altísimo por nuestras carencias emocionales, por nuestra falta de inteligencia emocional y por nuestra escasa habilidad a la hora de comunicarnos con asertividad. Ellos son víctimas colaterales de nuestros errores. Podemos aprender, mejorar, aceptar  y conocernos mejor para evitar que ellos tengan que sufrir por algo de lo que ni siquiera han podido defenderse.

Antes de separarte, antes de llegar al divorcio, mucho antes de que la relación esté tan deteriorada, es necesario comprender al otro, comprender en qué punto estamos de la relación y cómo de malo puede ser el resultado si seguimos por el mismo camino.

Si estás pasando por una situación así, NO LO DEJES, porque el futuro de muchas personas depende de que te conozcas y mejores para así poder ser feliz y que los demás sigan siendo felices a tu lado.

Recuerda… nos quejamos de la gota que colmó el vaso, sin darnos cuenta con la pasividad con la que permitimos que el vaso se fuera llenando…

Viki Morandeira

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Publicado en: blog

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