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Pensamientos distorsionados y Pareja

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Uno de los puntos que me fue más útil a la hora de comprender la crisis de los 40 de mi esposo fue estudiar sobre las Distorsiones Cognitivas. Jamás se me había ocurrido pensar que la mente puede estar “distorsionada”. Yo veía la realidad desde mi punto de vista, desde mi mente, incluso desde mis propias distorsiones cognitivas, y mi esposo lo hacía desde la suya, desde sus pensamientos, que en algunos puntos también podían estar distorsionados. Antes de esto, solo podía decir, “no entiendo a mi esposo”. Y si yo no cambiaba el enfoque, ¡¡no había forma de entenderlo!!

Nuestra forma de pensar, a veces distorsionada, da lugar a conflictos, mal entendidos, peleas innecesarias. Y esto es algo que te ocurre a ti también, que le ocurre a tu pareja, a todas las mentes del planeta. Hagamos un breve resumen de los 10 tipos de Pensamientos distorsionados y su relación con los conflictos de pareja. En este artículo puedes leer más sobre el tema y tienes un enlace por cada tipo de pensamiento distorsionado. Cuando termines con el artículo de hoy, puedes regresar y seguir ese enlace para profundizar en el tema.

PENSAMIENTOS DISTORSIONADOS Y PAREJA

1.- PERSONALIZACIÓN

Nuestra mente “razona” de manera incorrecta, sacando conclusiones en las que erróneamente, atribuye a otros la responsabilidad sobre algo, o se atribuye a uno mismo el origen de algo. Si uno siente que ha sido el responsable, surge la culpa, la ansiedad. Si considera culpable a otros, produce enojo, presión para que el otro se retracte o solucione lo que ha hecho mal.

Analicemos este punto con ejemplos concretos.

“Yo no puedo darle un hijo a mi pareja, por eso es infeliz”

“Mi esposo está serio, ¿qué le habré hecho para que se enoje conmigo? 

Cuando personalizamos, cuando “decidimos” que la situación ocurre como nosotros la estamos “deduciendo”, nuestros actos son el reflejo de esa deducción, de ese pensamiento irracional, y añadimos otro error, por ejemplo, dejar de dar amor a nuestra pareja, para que se desenamore y se busque otra persona con quien sí pueda tener un hijo. O buscar hablar con la pareja para  intentar adivinar qué hemos hecho mal, o enfadarnos, porque no hemos hecho nada para que tenga esa cara larga, cuando lo que le ocurre no tiene nada que ver con uno, sino con su trabajo, por ejemplo.

Creemos que nuestro razonamiento y nuestras deducciones son ciertas, creemos a nuestra mente, y si hemos personalizado, muchas veces te aseguro que no estarás en lo cierto. No somos el centro del universo del otro.  Y su enfado, por ejemplo, puede tener cientos de razones y ninguna relacionada contigo. Si no sabemos, o no entendemos, preguntemos en lugar de confiar en una deducción que puede ser errónea. 

2.- POLARIZACIÓN

En algunas ocasiones vemos la realidad como dos extremos. O es Negro o es blanco. Nuestra mente interpreta las situaciones, o juzga a las personas, sin término medio, de forma absoluta. Alguien es bueno o es malo. Por lo general, podremos identificar un pensamiento distorsionado de este tipo por el uso de las palabras “todo”, “nada”, “nunca”, “siempre”, “nadie”, “todos”.

Pongamos un ejemplo.

“¡¡Nunca te acuerdas de mi!! Solo piensas en ti.  “

“Siempre me está riñendo”

Cuando evaluamos una situación de forma absoluta, sufrimos en un grado máximo. No olvidemos que el lenguaje es generador de realidades. Si tu pareja utiliza mucho los términos que nos muestran que “polariza”, seguramente está sufriendo y puede que no haya sido capaz de explicarte la magnitud de su sufrimiento. Hay infinidad de grises, pero la forma de ayudarle a entender su distorsión cognitiva no es “negando” lo que dice. Es aprendiendo a comunicarse de una manera nueva. Ayudándole a ver que no es “siempre”, ni tampoco “nunca”. Hablando de momentos concretos. Dándole su parte de razón.

Comprender los pensamientos distorsionados del otro ayuda a comprender sus emociones. Este es uno de los puntos más importantes en el trabajo que hacemos para evitar un divorcio. Poder  comprenderse y mostrarle a la otra persona que hemos comprendido.

Si partimos diciendo, “Tú estás mal, eso no es así”, poco vamos a poder resolver.

3.- ETIQUETACIÓN

“¡Soy una persona tonta! ¿Cómo me dejo hacer algo así?” 

“Es un desordenado, nunca pone las cosas en su lugar”

A menudo, este tipo de pensamiento distorsionado está estrechamente ligado a la sobregeneralización, a juzgar al otro de manera “global” por algunos hechos concretos. Por ejemplo, si alguien llega 3 de 10 veces tarde, calificarlo como impuntual y “colgarle” esa etiqueta.

Cuando nos etiquetamos a nosotros mismos, nos limitamos e impedimos cambiar. Cuando etiquetamos a los demás, juzgándole, los tratamos como si “siempre” fueran esa conducta que hemos etiquetado. Esto, a la larga, genera roces y conflictos en la pareja, porque el otro ser niega a cargar esa etiqueta, que en general, no es una etiqueta positiva, un halago, sino una crítica o juicio negativo sobre su comportamiento.

Mejorar una relación de pareja requiere aprendizaje, comprensión, requiere poder conocerse a uno mismo y comprender sus errores, requiere comprender al otro y entender en qué momento su actitud es consecuencia de lo que yo hago o digo. Requiere mejorar la comunicación asertiva, para poder decir que NO sin miedo a perder el amor del otro, para no sentir que se nos obliga a hacer algo que no queremos hacer. Una relación mejor, se da entre dos personas que mejoran, que aprenden y crecen, que aumentan su inteligencia emocional y que aprenden a escuchar a su mente sin dar por hecho que todo lo que su mente dice o piensa será cierto.

NO creas todo lo que tu mente te dice, tal cual lo dice, porque muchas veces puedes tener un pensamiento distorsionado. NO te tomes al pie de la letra lo que te dice tu pareja, porque sus pensamientos pueden estar distorsionados. NO te defiendas, intenta comprender.

Los 7 pensamientos distorsionados restantes, que podemos analizar en relación a la pareja, y que dan lugar a conflictos son:

4.- SOBREGENERALIZACIÓN

5.- VISIÓN CATASTRÓFICA

6.- FALACIA DE CAMBIO

7.- RAZONAMIENTO EMOCIONAL

8.- LOS DEBERÍA/S

9.- RECOMPENSA DIVINA

10.- INFERENCIA ARBITRARIA

Si quieres comprender a tu pareja, es necesario también comprender la manera en que piensa, y la manera en que reacciona, analizando si su reacción es una consecuencia de la forma en que tú le hablas, le tratas o es consecuencia de las etiquetas que te ha puesto.  Podemos hacerlo. En poco tiempo, profundizando en este y en otros aspectos claves para mejorar una relación, podrás ver cambios y muy buenos resultados. El amor solo no basta. Con el amor simplemente no alcanza para sostener una relación a largo plazo. Somos seres emocionales, complejos, que pasamos por crisis personales, de madurez, y si nuestro deseo es pasar todo esto juntos, es necesario aprender a hacerlo.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Un hombre a corazón abierto

Solemos creer, pensar, saber… que los hombres no son dados a hablar de sus sentimientos, de expresar sus emociones, pero eso no es así. Un hombre busca expresarse, lo intenta, pero cuando luego de varios intentos y de sufrir, se desilusiona, entonces se cierra y deja de expresarse. Si te preguntas, ¿cómo entender a mi esposo? Quizás sea bueno recordar que para entender primero hay que comprender.

Obviamente no todas las situaciones son iguales, cuando hay una crisis de pareja, pero en general, tampoco son tan diferentes unas de otras. A menudo cometemos los mismos errores en el matrimonio que otras parejas y poder mirar desde fuera, ayuda a que resolvamos dentro.

Lo que vas a leer a continuación es el dolor de un hombre que ama a su esposa y que ha llegado a pensar en separarse, porque está agotado, porque la necesita y no la encuentra, porque quiere comunicarse y no lo consigue….

Mi mensaje, en respuesta a uno suyo, concluía así:

– Hay algo que tenemos que pensar y muy seriamente. ¿Cambia algo si tú siempre haces o intentas lo mismo? Decía Einstein que Locura es hacer siempre lo mismo, esperando un resultado distinto. Nada cambia, si yo no hago un cambio. Tu pareja NO ES CONSCIENTE de la realidad en la que vives con estas discusiones, NO QUIERE LASTIMARTE, ni se le ocurriría por la cabeza hacer algo que les puede llevar al divorcio, PERO SIN SABER, LO ESTÁ HACIENDO. En este momento, ya has comprobado que hablar no sirve. Escríbele. Siéntate delante de una página y ÁBRELE TU CORAZÓN.

Su respuesta, donde se puede ver el dolor que está viviendo, es la siguiente:

Lo que dices es correcto, se que no quiere lastimarme, se que me quiere no tengo duda, y yo de igual manera no la quiero lastimar y la amo.

Durante años ambos hemos participado en este tipo de actitudes sin darnos cuenta que nos esta llevando al fracaso como pareja y como familia, no nos hemos dado cuenta que vamos a hacer pagar a nuestros hijos nuestra falta de capacidad para expresar sentimientos y en su lugar atacar sin ver realmente lo que siente la otra parte.

Como comentas no soy perfecto y ella tampoco. Lo entiendo perfecto y yo estoy en la mejor disposición de arreglar mi matrimonio, sin embargo he llegado al punto donde inclusive he pensado en separarme.

Esto ha llegado al grado en el que yo ahora me siento completamente abandonado, ya no estamos juntos en la intimidad,  me han retirado todo el contacto durante mucho tiempo.

Como un ejemplo le he dicho que eso me hace sentir abandonado, me hace sentir feo, me esta pegando en la autoestima que me hace pensar que no me quiere.

Y a cambio recibí los mismos reproches y ataques de siempre, después de escuchar eso de verdad me hierbe la sangre, no le importa lo que siento le importa lo que hice en el pasado y justifica su falta de atención culpándome a mi.

Yo he tenido muchos errores y he hecho lo necesario para cambiar lo que he podido sin embargo no puedo pagar por ellos cada vez que se tiene una diferencia o expreso lo que siento.

Aquí el problema para mi es que ella se centra solo en mis errores y no voltea a ver que los dos estamos participando y ella jamas acepta que lo que hace ella lo decide también, simplemente ella no participa en nada y parece ser que esta sentada en una silla viendo como su esposo , según ella, le arruina la vida.

Esto me ha llevado a ignorarla, a veces no soporto que me hable, estoy de mal humor en muchas ocasiones, simplemente estoy enojado y se que este enojo mio también la afecta de regreso, es una bola de nieve que crece y crece de ambos lados.

Hemos podido hablar un poco ya que había tomado la decisión de irme por un tiempo de la casa, estoy harto de tanta pelea que no lleva a nada y que simplemente empeora la relación, en ese momento pudimos hablar pudimos llorar, pudo escuchar un poco lo que siento de mi lado y tal vez entiendo que ella también esta aquí en esta relación participando. se lo dije claramente también participas en esta relación espero de verdad lo haya entendido.

Después de eso tome la decisión de no irme, de seguir adelante pero tengo muchísimo miedo a que esto siga igual.

No quiero volver a sentirme rechazado. no quiero volver a sentirme atacado. no quiero ser siempre el malo de su película y sobre todo no quiero vivir enojado.

Las noches son un infierno ver como se duerme cuando desde en la mañana o tarde le hago saber que quiero estar con ella, que necesito estar con ella. Ver películas es ya odioso, estar en el cuarto platicando de lo que sea simplemente es algo que no quiero hacer y se que ya prefiero ver mi teléfono, irme a terminar con mi trabajo, estar ahí sin respuesta es insoportable.

Como dices querer obtener un resultado diferente haciendo las mismas cosas es una locura, yo estoy dispuesto a hacer lo necesario y mi miedo más grande es tener que hacer el cambio en soledad, que yo tenga la carga de todo y que todo dependa de mi.

Es terrible querer arreglar las cosas y recibir estas respuestas yo lo que ya entiendo es “TU ERES EL CULPABLE DE TODO LO QUE ME PASA Y HAGO”

Simplemente no puedo ser el único que tenga que salvar esta relación, y que tenga toda la responsabilidad de ello. Este pensamiento me lleva a pensar en rendirme y mejor estar solo…

Lo que más me duele ahora son mis hijos no puedo ahora con el pensamiento de no estar con ellos. ¿Con que cara les voy a decir cuando me pregunten por que perdieron a su familia como ahora la tienen que fue por que no supimos resolver conflictos y no por falta de amor?

Amo a esta familia amo a mi esposa y me siento solo en la lucha

Este mensaje, es el sentir de muchos hombres, sin que nosotras seamos conscientes. Es un profundo dolor, pero sobre todo, una profunda necesidad de estar con la persona que aman, sin guerras, sin conflictos, sin discusiones, solo amándose, desconectándose de la realidad, pero no con una película, sino entrelazando sus brazos, sus cuerpos.

Este mensaje, es el que escribirían muchos esposos si pudieran enfrentar al dolor que sienten, abriendo su corazón como lo ha abierto esta persona.

Aquí no hay buenos y malos, no hay una víctima y un verdugo, no se trata de decidir quien hace más daño o quien cometió más errores. Se trata de ponerse los dos a remar, en el mismo barco, hacia la misma dirección, escuchando al otro, porque si habla, es porque realmente hay algo importante que quiere decir, que necesita ser escuchado y para lo que necesitamos encontrar juntos una solución.

Amar, a veces duele, pero podemos aprender a amar, y que ya no sea necesario el dolor.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

 

Si estás en esta situación, el dolor es inevitable.

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Una vez que una crisis de pareja llega a tu vida, tu mente cambia. Parece increíble, que antes de que tu relación estuviera en serios problemas no fueras consciente de cuestiones que tras una crisis matrimonial son tan lógicas. Casi resulta absurdo no haberlo visto antes. Pero cuando tu pareja te pide tiempo, te dice que no sabe si te quiere, o directamente dice que se va de casa la situación es devastadora.

Te entiendo, se lo que estás viviendo, porque además de estar especializada en restaurar matrimonios que pasan por este tipo de crisis, yo misma la he vivido en mi propia piel hace 9 años y se lo doloroso que resulta todo, lo desesperante que es ver a tu esposo frío y distante. Se lo desesperante que es desear que reaccione, presionarlo para que apueste por la relación, pero solo lograr más frialdad y más lejanía. Al principio también cometí esos mismos errores, hasta que comencé a comprender que la situación no era como yo la veía, ni era como mi esposo me la estaba contando.

No tienes que resignarte a que todo acabe así, siendo dos extraños y con odio y rencor hacia tu pareja por lo que estás viviendo. Tienes derecho a querer apostar por un futuro juntos, incluso aunque amigos y familia te digan que lo dejes, que no te mereces que te trate así.

En principio, hay que saber que no te dirá: Luchemos por la relación. No puede hacerlo, porque en su mente se han creado una serie de disonancias cognitivas, que le dicen que tiene derecho a separarse.

En segundo lugar, es necesario asumir que tu esposo cree que no vas a cambiar. Si hemos actuado de una manera durante 20 años, ¿como vamos a cambiar? Pues la verdad es que resulta mucho más sencillo de lo que podemos imaginar. Cuando comprendemos que algo hace daño o está mal, lo cambiamos de inmediato. NO somos tontas!!! Ni mucho menos seres crueles que repetiríamos algo a sabiendas de que eso le hace daño a nuestros seres queridos, ¿verdad?

Pero no se convencerá de tus cambios dialogando, sino viéndolos, viviéndolos. Si están conviviendo juntos, es una oportunidad para poder MOSTRARLE que las personas SI CAMBIAN, y así lograr que dude. Porque una vez que se inicia esta crisis y creen que la solución para volver a ser felices es separarse, tu objetivo, mi objetivo con mis clientas, no es convencerle de que se quede, no es que te diga que te ama con locura, no es que te diga que se equivocó y que quiere luchar por el matrimonio, porque eso no va a ocurrir. Nos gustaría, nos haría felices, y aliviaría mucho nuestro dolor, pero eso no va a ocurrir por lo menos durante un tiempo. Lo que si podemos conseguir y es nuestra principal meta, es lograr que DUDE.

En nuestro trabajo juntas, podemos sembrar dudas, para que el mismo tome la decisión de darle una oportunidad nueva a la relación.

NO hay que convencerlo, rogándole, ni enfadándonos, ni haciéndole creer que nos van a perder, sino, lograr que dude. Sembrar una duda, en la que sienta, ¿y si me equivoco al separarme? ¿y si podíamos ser felices? ¿y si puedo volver a ser feliz con ella, sin romper mi matrimonio, sin que mis hijos sufran?

Esta duda tiene que ser tan grande, tan presente, que el empiece a prestarle atención a diario, alimentándola hasta que finalmente de el paso y comience a apostar por la relación.

El futuro no está escrito. Cuando mi esposo me pidió el divorcio, luego de 21 años y con tres hijos hermosos, quedé en shock. Yo era feliz , no podía creer lo que estaba sucediendo, lo que el me estaba haciendo. Y en busca de respuestas fui comprendiendo que yo tenía mucho más poder del que me imaginaba para escribir mi futuro. Si me quedaba llorando, tirada en la cama, lamentándome por lo que me estaba haciendo, ya lo había perdido.

En cambio, busqué aprender, comprender, mirar hacia adentro de mí misma, asumir mis errores, ser mejor persona, comprender en qué aspectos yo había sido difícil para mi esposo, busqué entender qué había detrás de sus quejas, de sus malas caras, para entender en qué aspectos no era feliz y cuál era mi parte de responsabilidad en esa infelicidad.

Si para ti vale la pena, entonces hazlo, no te rindas. Lo más importante es que puedas estar en paz con tu corazón, pase lo que pase. Porque incluso cuando con alguna clienta no conseguimos restaurar su matrimonio, incluso ahí, nuestro trabajo es muy efectivo porque el duelo se hace más llevadero y más corto, porque no pierden su autoestima, porque aprenden a comunicarse con asertividad, porque mejoran en empatía y en inteligencia emocional, y porque pueden llegar a la noche y dormir tranquilas, sabiendo que ellas han dado el 100%.

Esta crisis, que podemos decir que es una crisis de los 40, una crisis de la mitad de la vida, que afecta al matrimonio, no llega sola. En la gran mayoría de los casos llega con otro “síntoma”, una infidelidad. Por esto es tan desconcertante. ¿Cómo me puede estar haciendo esto a mi, con todo lo que yo le he querido? Es complejo entenderlo, pero sobre todo, muy doloroso vivirlo.

Tu esposo no buscó una infidelidad, Sino que se encontró en esa situación, de pronto, sin saber siquiera cómo la comenzó. En mi caso y en el de la gran mayoría de los casos con los que trabajo, la infidelidad se da con alguien del trabajo. NO están mal y empiezan a buscar un reemplazo para nosotras, no. Están “medio mal” y entablan una amistad en la que se crea confianza, se sienten identificados, o comparten algunos aspectos relevantes, se sienten escuchados, les ayuda a evadirse de la realidad. Y como escoba nueva siempre barre bien, al principio, sin apenas conocerse, esa persona ha sido idealizada. Al ver similitudes entre ambos, destacan las diferencias que tienen con nosotras, nos comparan, todo lo que hagamos o digamos comienza a molestarles, se ponen irritables, ariscos, agresivos, y en casa hay más conflictos de lo habitual, con lo  que empiezan a alimentar la idea de que nos llevamos mal.

La infidelidad, en este momento, cuando estamos en shock porque no saben si nos quieren o no saben lo que hacer con sus vidas, llega como otro nuevo golpe. Es la segunda ola del tsunami, que puede arrasarnos emocionalmente, tanto como la primera.

La infidelidad es un síntoma más de una persona que está en crisis personal, con su vida, con su propia vida, donde se cuestiona todo lo que  ha hecho y vivido, donde las situaciones en las que NO ha hecho lo que deseaba están teniendo mucho más peso que los momentos felices, donde si han tenido una gran distancia en lo sexual, en lo emocional, se imagina que es joven y no quiere verse como un anciano que ni tiene sexo ni disfruta de su vida. NO quiere verse como un matrimonio de ancianos, que solo están el uno junto al otro, sino que quiere sentirse vivo, sexualmente activo, viviendo situaciones atrevidas, porque en unos pocos años si cree que será muy viejo para todo esto.

El futuro no está escrito. Ahora, si la vida te ha enfrentado a esta crisis, hay dos caminos, aceptarlo, bajar los brazos y dejar que las cosas sucedan, o no aceptarlo, buscar ser parte de la solución y tratar de escribir tú, con tus decisiones y acciones, el futuro que deseas para ti. Eres libre. Es tu vida. Es tu decisión. En cualquier caso, los próximos meses no serán agradables, tanto si logras recuperar tu matrimonio , como si te separas, los próximos meses serán emocionalmente muy duros, no hay forma de evitarlo. Pero si hay forma de evitar el remordimiento de no haberlo intentado, de no haber hecho lo suficiente, y esa forma es haciéndolo.

Estoy a tu disposición si quieres que te guíe y te enseñe a ser parte de la solución. Podemos trabajar juntas. Para eso, puedes enviarme un mail, de forma privada, desde este formulario y comentamos la metodología de trabajo, tiempos, honorarios, etc.

 

Viki Morandeira

Coach Ontológico

http://www.vikimorandeira.com/metodologia-de-trabajo/

Consejos para lograr la felicidad en el matrimonio

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Por lo general, cuando estamos en pareja y felices, no buscamos consejos para lograr la felicidad en el matrimonio. Es obvio, bebemos, cuando tenemos sed, tomamos una medicina, cuando necesitamos curar alguna enfermedad, no cuando pensamos que todo va bien.

Así como a veces, nos obligamos a tomar agua, porque es sano y recomendable beber dos litros por día, sería bueno también poder ser previsores en cuanto a la felicidad en el matrimonio.

Se suele decir que uno valora las cosas cuando las pierde… ¿pero porqué no valorar nuestro matrimonio, a nuestra pareja, la felicidad que compartimos ahora mismo, cuando la tenemos? Porque somos ingenuos, porque creemos que el divorcio le ocurre a otros, a las parejas que se llevan mal, a quienes no se quieren, y nada más lejos de la realidad.

La mayoría de las parejas que llegan a verse al límite del divorcio podían llevarse bien y quererse mucho. ¿Entonces, porqué una persona que tiene un matrimonio donde es feliz puede llegar a pensar en la separación? Precisamente porque están cometiendo errores, ambos. Recordemos que en una pareja cada uno tiene un 50% de responsabilidad en lo que están viviendo. Ambos pueden interactuar de manera diferente.

Consejos para lograr la felicidad en el matrimonio

1.- Pase lo que pase jamás dejen de prestarse atención. 

A menudo la velocidad con la que vivimos, las múltiples actividades, obligaciones, ocupaciones, hacen que demos prioridad al trabajo, a la economía familiar, a las actividades de los hijos, a ir resolviendo problemas, a la familia extendida, a la casa y que dejemos en último lugar a la pareja. Es necesario y vital para conseguir una pareja feliz seguir alimentando la relación siempre, en todo momento, incluso cuando por determinadas circunstancias tenemos que prestar atención a otros temas.

Dos circunstancias habituales. El embarazo o la enfermedad de alguien en nuestra familia. Durante estas situaciones, podemos caer en el error de no prestar atención a nuestra pareja. De centrarnos en nuestra problemática, en lo que estamos viviendo, y olvidamos que el hombre necesita seguir sintiéndose importante para nosotras. Una caricia, una palabra amable, un piropo, ayudarle con aquello que nos pide, demostrarle que a pesar de que tengamos cosas importantes que atender, el sigue siendo muy importante para nosotras. Como mujeres, podemos tener cubiertas algunas necesidades de afecto, de contacto físico, de atención, por parte de amigas, familiares, de nuestros hijos, en cambio, el hombre, a menudo solo te tiene a ti para que le des la mano, le hagas un mimo o le prestes atención.

La infidelidad puede a menudo ser inexplicable. Sobre todo si nuestra pareja recurre a una relación extramatrimonial durante nuestro embarazo, o durante la propia enfermedad o la de alguien de nuestra familia. La infidelidad no puede justificarse por esto, aunque a veces es una explicación a algo que nos resulta incomprensible que nuestra pareja pueda “hacernos”.

Incluso en el ritmo de vida más acelerado, necesitamos encontrar tiempo para nosotros, como pareja, para salir, reír, divertirnos, sin pensar en problemas y simplemente hablar de temas que nada tengan que ver con la economía familiar, los niños o la casa.

Durante el embarazo, o si estás atendiendo a un familiar enfermo o dependiente, tu esposo es consciente de tu esfuerzo, de tu trabajo, te ve agotada. Pero eso no impide que tenga necesidad de tu atención, de tu mimo, de pasar un ratito acurrucado a tu lado siendo en ese momento la única persona para ti en el mundo. Esta necesidad de afecto en el hombre, muchas veces es autocensurada por ellos mismos. NO somos nosotras las que les decimos “no tengo tiempo para ti”, sino ellos quienes por vergüenza, por un exceso de prudencia, no nos dicen “oye, que me siento mal, me faltas tú, me faltan tus mimos”.

Esto desde luego que también aplica a ellos, a los hombres. Cuando una mujer siente que para ella nunca hay tiempo, la relación también se va deteriorando y puede llegar a su fin si no se pone remedio pronto.

Por eso, pase lo que pase, sea cual sea la situación, jamás olvides demostrarle que para ti es importante, que para ti es tu prioridad, que primero está tu amor por él/ella y luego todo lo demás.

En definitiva, uno no se separa porque se deje de querer, ni porque sean incompatibles, sino porque se han olvidado de demostrarle al otro CADA DíA, lo importantes y valiosos que los consideramos.

2.- No le juzgues, ni le critiques, ni menciones sus errores. 

A veces, este es uno de los puntos más complicados. ¿Cómo no decirle a tu esposo que está poniendo demasiada sal en la comida que está preparando? ¿Cómo no decirle a tu esposa que se está equivocando de calle al conducir? Pues no es tan complicado al final, solo tenemos que cerrar la boca y no decir nada.

Esta conducta errónea, en la que podemos incurrir ambos, la de señalar los errores, la de criticar algo cuando el otro no es perfecto, es uno de los peores malos hábitos que podemos tener y afectan negativamente a nuestras relaciones. Es imprescindible corregirlo. Nadie puede ser feliz si se siente constantemente criticado y juzgado. Las personas necesitamos un elogio, sentirnos valoradas.

Con el exceso de confianza, podemos caer en el grave error de decir las cosas sin pensar, sin valorar el daño que a la larga estaremos provocando. Si se ha equivocado, se dará cuenta, no hace falta que tú se lo hagas notar. Si algo le ha salido mal, no hace falta que se lo digas, se ha dado cuenta y está sufriendo por su error. Si algo no te gusta de tu pareja, antes de expresarlo, y causar una herida, piensa si es algo tan importante como para arriesgarte a que sienta tu crítica, piensa en todo lo que sí te gusta, que seguramente será mucho más.

Con esto no quiero decir que uno tenga que callar todo lo que le pueda molestar!!! Irnos a los extremos tampoco es la solución. Tan malo es criticar todo, como no decir absolutamente nada de lo que nos duele o molesta. Tan dañino para la relación puede ser tener una conducta pasiva, e ir acumulando lo que nos molesta en un vaso, gota a gota, como lo es tener una conducta demasiado reactiva, incluso puede que agresiva y “soltar” todo lo que sentimos sin pensar en la manera en que lo estamos diciendo.

Si lo que nos molesta es que haga algunas cosas de manera diferente a como las haríamos nosotras, entonces, ahí lo que vale la pena hacer es respetar que no todo tiene que hacerse a mi manera… y que si le corrijo, le critico, por no hacerlo perfecto o a mi manera, solo conseguiré que se sienta incómodo. Si puedo preguntar, por ejemplo, ¿quieres que te de un consejo? Te veo algo perdido, ¿quieres que te muestre como lo hago yo?

Y sobre todo, lo más importante, es no olvidarnos que la confianza, en las relaciones de pareja, puede “dar asco”, como se dice popularmente. Jamás tratemos a nuestra pareja como NO trataríamos a un desconocido, a un compañero de trabajo o a otro familiar más lejano…

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Autora de los libros ¿Qué le pasa a mi esposo? , El arte de no amargarse el matrimonio, etc..

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Cuento: La Pareja Perfecta

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Sentados en la plaza del pueblo, dos viejos amigos conversan mientras observan a varias parejas sentadas en el césped.

-Entonces, ¿nunca pensaste en casarte? – preguntó el primero.

-Lo pensé, pero nunca llegué a casarme. – respondió el segundo. -Cuando era joven, me decidí a buscar a la mujer perfecta.

Tras esgrimir una leve mueca, el hombre continuó diciendo:

-Cuando fui a las costas, encontré a la mujer más bella que jamás había visto, pero no conocía de las cosas materiales de la vida ni era muy espiritual.  Cuando fui a lo más alto de la montaña, conocí a una mujer muy bonita y con un intenso interés por lo espiritual, pero no le daba importancia a las cosas materiales o a lo que ocurría en el mundo. Seguí andando y llegué a la ciudad, donde tropecé con una mujer muy linda y rica, pero no se preocupaba del aspecto espiritual. Seguí andando y al llegar a las praderas hallé a una mujer que tenía un gran mundo espiritual y apreciaba el mundo material, pero no era bonita. Seguí buscando y en uno de mis viajes tuve la oportunidad de cenar en la casa de una joven bonita, espiritual y conocedora de la realidad material, era la mujer perfecta.

Se produjo un breve silencio, que dejó escuchar el profundo suspiro de aquel hombre.

– ¿Y por qué no te casaste con ella? – preguntó el amigo.

-¡Ah, querido amigo mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

Muchas de las personas que nos hemos casado, luego del enamoramiento, esa etapa en la que nuestra pareja es perfecta, porque el cóctel de hormonas que inunda nuestro torrente sanguíneo nos deja “ciegos” a algunos aspectos del otro, llegamos a un punto en el que nos enfadamos porque nuestra pareja no es perfecta.

Si no cumple con lo que ha prometido, nos enfadamos.

Si no es justo el reparto de las tareas del hogar, nos enfadamos.

Si no quieren ir de viaje, nos enfadamos.

Si quieren ir mucho de viaje, nos enfadamos.

Si se la pasan limpiando, nos enfadamos.

Si no limpian tanto como nos gustaría, nos enfadamos.

Si se pasan la tarde con los niños haciendo las tareas, nos enfadamos.

Si no hacen las tareas con los niños, nos enfadamos.

Si para ahorrar no gastan en determinadas cosas, nos enfadamos.

Si por la familia, gastan en determinadas cosas, nos enfadamos.

Muchos, muchísimos de los conflictos que se dan en una relación de pareja tiene en su origen la “idealización” que hemos hecho de nuestra pareja, tanto de la persona, como de lo que consideramos que “debería” ser una relación.

El problema no es gastar más o gastar menos, no es limpiar más o limpiar menos, sino nuestra actitud ante determinadas situaciones que siempre se dan en una relación de pareja. El problema es ir acumulando enfados, o ir soltándolos sin ser conscientes de lo que esta actitud puede provocar en nuestra relación!!

Hablando en “términos generales”, hombres y mujeres tenemos actitudes diferentes. Por lo general, la mujer habla más, expresa más lo que no le gusta, y eso puede hacer que su pareja tenga la impresión de que no es feliz o de que todo le sienta mal. Y por lo general, el hombre calla, no expresa en el momento cuando algo no le agrada, y lo va acumulando, como gotas que van llenando un vaso. Obviamente, cada relación es diferente, porque cada persona es diferente, y lo que es “habitual” en una pareja, puede ser completamente al revés en otra. Estamos hablando de conductas, de malos hábitos que van dañando nuestras relaciones de pareja.

No, nunca seremos perfectos. Ni ellos, ni nosotras. Entonces, ¿para qué llevar una lista mental de todo lo que el otro no hace como yo esperaba que hiciera? ¿Para qué callar todo lo que no nos gusta, sin darle a la otra persona la posibilidad de conocernos mejor?  Nos olvidamos que somos diferentes, que precisamente esas diferencias son los motivos por los que nos hemos elegido y que no debemos aspirar a cambiar al otro, sino a conocerlo, respetarlo y aprender de nuestras diferencias.

NO existen personas perfectas, y por lo tanto, tampoco existen relaciones perfectas. Pero si existen personas que aprenden a conocerse, que aprenden a respetar las diferencias, que pueden dialogar incluso sobre temas en los que no están de acuerdo, sin querer convencer al otro de que tienen la razón. Me gusta decir que mi relación no es perfecta, sino que continuamente, día a día, la vamos perfeccionando, aprendiendo de nuestros errores, hablando sobre lo que a cada uno nos gusta o nos disgusta, sin tomarlo como algo personal.

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La “ilusión” de perfección del otro no es el único problema grave que amenaza la continuidad de nuestras relaciones. La rutina, centrar nuestra atención en el trabajo, la casa, los problemas o los niños,  sin darnos tiempo de calidad y sin hablarnos en los 5 lenguajes del amor, es una amenaza mayor. Ingenuamente creemos que nuestra relación será perfecta siempre, que nada puede amenazarnos porque nos amamos, que si cada vez nos encontramos menos en la intimidad  es normal, porque hay niños, que si cada vez nos damos menos tiempo para estar solos, como novios, es normal, porque ya no lo somos…  Y luego de meses de rutina, (o años) lejanía en lo emocional y en lo sexual, conflictos por tonterías…. puede llegar la crisis de los 40 y sacudir nuestra vida dejando nuestra realidad patas arriba…

Si analizamos las estadísticas de divorcios, podemos ver como la mayoría de las parejas que se separan llevaban más de 15 años juntas y tienen en torno a los 40 años. ¿Eran personas incompatibles, muy diferentes? ¿Se llevaban mal, no eran felices y el único camino era el divorcio? NO. NO puedo estar de acuerdo con eso, porque semana tras semana trabajo con personas que logran que sus matrimonios sigan adelante, a pesar de las crisis. Personas que desean aprender a conocer y comprender sus errores, para cambiar y mejorar. Personas que están dispuestas a aceptar que no son perfectas pero que pueden tener actitudes nuevas y renovar así su matrimonio.

Incluso cuando una sola de las partes quiere mejorar la relación, incluso cuando la otra parte cree que su problema es su pareja, podemos hacer cambios que le hagan dudar de su punto de vista y comprender que el problema no es la persona, sino los errores que ambos cometemos. Una relación tiene dos responsables, al 50%, y si uno buscar hacer su parte al 100%, estamos en el camino para tener una relación que se vaya perfeccionando día a día.

¿Trabajamos juntas?

Viki Morandeira

Coach Personal

Restaurando Matrimonios.