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CRISIS DE LOS 40

Vacacionesen la playa y mucho Yoga.

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Si estás en esta situación, el dolor es inevitable.

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Una vez que una crisis de pareja llega a tu vida, tu mente cambia. Parece increíble, que antes de que tu relación estuviera en serios problemas no fueras consciente de cuestiones que tras una crisis matrimonial son tan lógicas. Casi resulta absurdo no haberlo visto antes. Pero cuando tu pareja te pide tiempo, te dice que no sabe si te quiere, o directamente dice que se va de casa la situación es devastadora.

Te entiendo, se lo que estás viviendo, porque además de estar especializada en restaurar matrimonios que pasan por este tipo de crisis, yo misma la he vivido en mi propia piel hace 9 años y se lo doloroso que resulta todo, lo desesperante que es ver a tu esposo frío y distante. Se lo desesperante que es desear que reaccione, presionarlo para que apueste por la relación, pero solo lograr más frialdad y más lejanía. Al principio también cometí esos mismos errores, hasta que comencé a comprender que la situación no era como yo la veía, ni era como mi esposo me la estaba contando.

No tienes que resignarte a que todo acabe así, siendo dos extraños y con odio y rencor hacia tu pareja por lo que estás viviendo. Tienes derecho a querer apostar por un futuro juntos, incluso aunque amigos y familia te digan que lo dejes, que no te mereces que te trate así.

En principio, hay que saber que no te dirá: Luchemos por la relación. No puede hacerlo, porque en su mente se han creado una serie de disonancias cognitivas, que le dicen que tiene derecho a separarse.

En segundo lugar, es necesario asumir que tu esposo cree que no vas a cambiar. Si hemos actuado de una manera durante 20 años, ¿como vamos a cambiar? Pues la verdad es que resulta mucho más sencillo de lo que podemos imaginar. Cuando comprendemos que algo hace daño o está mal, lo cambiamos de inmediato. NO somos tontas!!! Ni mucho menos seres crueles que repetiríamos algo a sabiendas de que eso le hace daño a nuestros seres queridos, ¿verdad?

Pero no se convencerá de tus cambios dialogando, sino viéndolos, viviéndolos. Si están conviviendo juntos, es una oportunidad para poder MOSTRARLE que las personas SI CAMBIAN, y así lograr que dude. Porque una vez que se inicia esta crisis y creen que la solución para volver a ser felices es separarse, tu objetivo, mi objetivo con mis clientas, no es convencerle de que se quede, no es que te diga que te ama con locura, no es que te diga que se equivocó y que quiere luchar por el matrimonio, porque eso no va a ocurrir. Nos gustaría, nos haría felices, y aliviaría mucho nuestro dolor, pero eso no va a ocurrir por lo menos durante un tiempo. Lo que si podemos conseguir y es nuestra principal meta, es lograr que DUDE.

En nuestro trabajo juntas, podemos sembrar dudas, para que el mismo tome la decisión de darle una oportunidad nueva a la relación.

NO hay que convencerlo, rogándole, ni enfadándonos, ni haciéndole creer que nos van a perder, sino, lograr que dude. Sembrar una duda, en la que sienta, ¿y si me equivoco al separarme? ¿y si podíamos ser felices? ¿y si puedo volver a ser feliz con ella, sin romper mi matrimonio, sin que mis hijos sufran?

Esta duda tiene que ser tan grande, tan presente, que el empiece a prestarle atención a diario, alimentándola hasta que finalmente de el paso y comience a apostar por la relación.

El futuro no está escrito. Cuando mi esposo me pidió el divorcio, luego de 21 años y con tres hijos hermosos, quedé en shock. Yo era feliz , no podía creer lo que estaba sucediendo, lo que el me estaba haciendo. Y en busca de respuestas fui comprendiendo que yo tenía mucho más poder del que me imaginaba para escribir mi futuro. Si me quedaba llorando, tirada en la cama, lamentándome por lo que me estaba haciendo, ya lo había perdido.

En cambio, busqué aprender, comprender, mirar hacia adentro de mí misma, asumir mis errores, ser mejor persona, comprender en qué aspectos yo había sido difícil para mi esposo, busqué entender qué había detrás de sus quejas, de sus malas caras, para entender en qué aspectos no era feliz y cuál era mi parte de responsabilidad en esa infelicidad.

Si para ti vale la pena, entonces hazlo, no te rindas. Lo más importante es que puedas estar en paz con tu corazón, pase lo que pase. Porque incluso cuando con alguna clienta no conseguimos restaurar su matrimonio, incluso ahí, nuestro trabajo es muy efectivo porque el duelo se hace más llevadero y más corto, porque no pierden su autoestima, porque aprenden a comunicarse con asertividad, porque mejoran en empatía y en inteligencia emocional, y porque pueden llegar a la noche y dormir tranquilas, sabiendo que ellas han dado el 100%.

Esta crisis, que podemos decir que es una crisis de los 40, una crisis de la mitad de la vida, que afecta al matrimonio, no llega sola. En la gran mayoría de los casos llega con otro “síntoma”, una infidelidad. Por esto es tan desconcertante. ¿Cómo me puede estar haciendo esto a mi, con todo lo que yo le he querido? Es complejo entenderlo, pero sobre todo, muy doloroso vivirlo.

Tu esposo no buscó una infidelidad, Sino que se encontró en esa situación, de pronto, sin saber siquiera cómo la comenzó. En mi caso y en el de la gran mayoría de los casos con los que trabajo, la infidelidad se da con alguien del trabajo. NO están mal y empiezan a buscar un reemplazo para nosotras, no. Están “medio mal” y entablan una amistad en la que se crea confianza, se sienten identificados, o comparten algunos aspectos relevantes, se sienten escuchados, les ayuda a evadirse de la realidad. Y como escoba nueva siempre barre bien, al principio, sin apenas conocerse, esa persona ha sido idealizada. Al ver similitudes entre ambos, destacan las diferencias que tienen con nosotras, nos comparan, todo lo que hagamos o digamos comienza a molestarles, se ponen irritables, ariscos, agresivos, y en casa hay más conflictos de lo habitual, con lo  que empiezan a alimentar la idea de que nos llevamos mal.

La infidelidad, en este momento, cuando estamos en shock porque no saben si nos quieren o no saben lo que hacer con sus vidas, llega como otro nuevo golpe. Es la segunda ola del tsunami, que puede arrasarnos emocionalmente, tanto como la primera.

La infidelidad es un síntoma más de una persona que está en crisis personal, con su vida, con su propia vida, donde se cuestiona todo lo que  ha hecho y vivido, donde las situaciones en las que NO ha hecho lo que deseaba están teniendo mucho más peso que los momentos felices, donde si han tenido una gran distancia en lo sexual, en lo emocional, se imagina que es joven y no quiere verse como un anciano que ni tiene sexo ni disfruta de su vida. NO quiere verse como un matrimonio de ancianos, que solo están el uno junto al otro, sino que quiere sentirse vivo, sexualmente activo, viviendo situaciones atrevidas, porque en unos pocos años si cree que será muy viejo para todo esto.

El futuro no está escrito. Ahora, si la vida te ha enfrentado a esta crisis, hay dos caminos, aceptarlo, bajar los brazos y dejar que las cosas sucedan, o no aceptarlo, buscar ser parte de la solución y tratar de escribir tú, con tus decisiones y acciones, el futuro que deseas para ti. Eres libre. Es tu vida. Es tu decisión. En cualquier caso, los próximos meses no serán agradables, tanto si logras recuperar tu matrimonio , como si te separas, los próximos meses serán emocionalmente muy duros, no hay forma de evitarlo. Pero si hay forma de evitar el remordimiento de no haberlo intentado, de no haber hecho lo suficiente, y esa forma es haciéndolo.

Estoy a tu disposición si quieres que te guíe y te enseñe a ser parte de la solución. Podemos trabajar juntas. Para eso, puedes enviarme un mail, de forma privada, desde este formulario y comentamos la metodología de trabajo, tiempos, honorarios, etc.

 

Viki Morandeira

Coach Ontológico

http://www.vikimorandeira.com/metodologia-de-trabajo/

Demostrar Confianza en tu Pareja

Mi esposa no confia en mi

¿Alguna vez te has preguntado si tu pareja siente esto? ¿Eres consciente de tus actitudes, de las palabras que utilizas? A menudo hay una gran diferencia entre lo que sentimos y lo que la otra persona percibe, y eso ocurre porque no estamos transmitiendo el mensaje adecuado.

Algunos hombres pueden preguntarse porque mi esposa no me tiene confianza si yo no le doy motivos para desconfiar de mi? Y esto ocurre porque quizás estemos expresando esa desconfianza sin darnos cuenta.

Una de las necesidades de las personas, para ser felices en pareja, es sentir que confiamos en ellos. Algo muy diferente es que haya confianza en la relación, cuando entendemos por confianza el decir las cosas como las pensamos…. (sin a veces pensar lo que decimos) Esto es algo diferente y no a lo que me refiero en este artículo.

¿Como demuestras a tu esposo que confías en el? Seguir leyendo

¿Por qué darle ánimos a alguien en problemas es un error?

Solemos cometer un error que limita la conexión emocional con la persona que más queremos, cuando, en un momento de dolor, de frustración, ante un problema, le intentamos ANIMAR.

Esta es una situación que ocurre en muchos matrimonios y de la que no nos damos cuenta. Uno de los dos, en una pareja de larga duración, es optimista y el otro es pesimista. Aunque la persona pesimista no se considera a si misma como alguien con negatividad, sino como alguien realista. Cuando nos enamoramos, nuestra pareja es complementaria a nosotros en muchos aspectos. Uno será más introvertido y el otro más extrovertido, uno será lento y el otro más rápido, uno será organizado y el otro casi un desastre. Somos diferentes en muchísimos aspectos y precisamente por eso Seguir leyendo

2 Claves para mejorar tu relación HOY

Dicen que la confianza da asco, y tras una o dos décadas juntos la verdad es que con nuestra pareja llegamos a unos niveles de confianza que pueden ser perjudiciales para tener una buena relación. ¿Te gustaría tener un matrimonio fantástico, donde el amor invada cada segundo de tu vida? Es posible, sobre todo si te enfocas en detectar qué fallos puedes estar cometiendo. No esperes a que tu esposo cambie, porque puede que no llegue ese momento, sino otro, una crisis. Empieza cambiando las conductas que perjudican la relación.

  1. Cuidar nuestras palabras

Hiere más una palabra que un puñal y seguramente tú recuerdas algunas de esas puñaladas que salieron de boca de tu pareja. ¿Cómo actúas? ¿Contraatacando? Es necesario romper el Círculo del odio, dar el primer paso para no seguir en una rutina de herirnos mutuamente, de faltarnos el respeto por ese exceso de confianza que hemos ido acumulando. Tus palabras importan, y mucho. Importan porque pueden producir daño. Importan porque el daño emocional es tan poderoso y afecta a las mismas áreas del cerebro que afecta el daño físico. Empieza por ser consciente de cómo dices las cosas y de qué palabras utilizas, empieza a escogerlas con mayor cuidado.  Cuando una persona se siente atacada no puede ocuparse de entender, solo puede ocuparse de defenderse, y muchas de esas veces, lo hará encontrando también palabras duras y desagradables. Aunque para ti puedan ser discusiones sin importancia, para tu pareja pueden ser gotas que van llenando un vaso. Las discusiones y las palabras arrojadas como puñales van  contribuyendo a que un estupendo matrimonio se deteriore. Aquello que decimos no podemos retirarlo, no hay forma de borrar lo que ha salido de nuestra boca, no podemos borrar el dolor que causaron en nuestra pareja. Ningún tema es tan importante como para herirnos. Ningún motivo justifica que nos faltemos el respeto. Si es tu pareja quien lo hace, piensa que la manera de resolver la situación no es continuando con la discusión y gritando cada vez más fuerte. NO. La manera de cambiar esa dinámica es responsabilizándote de tus palabras, teniendo el máximo respeto, y así lograrás que tu pareja cambie al adaptarse a tus cambios. Se suele decir que “dos no discuten si uno no quiere”, ¿verdad? Cuando eres tú quien quiere llegar hasta el final sobre un tema, tu pareja es probable que intente dejar de conversar porque se siente al límite, al borde de explotar y no quiere hacerlo. En este momento, quizás te dé la razón, para dejar de hablar, aunque no esté de acuerdo contigo. O quizás la discusión aumente de tono, porque no sabe cómo detenerla. Discutir no es algo “normal” en las parejas!!!! Olvídate de eso!!! Discutir es algo normal entre personas que no saben dialogar, entre personas que pierden los nervios con facilidad, entre personas que creen tener la razón y le explican mil veces lo mismo al otro sin darse cuenta que no le comprende.

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2.  Cuidar la intimidad sexual.

Los primeros años de la pareja seguramente han sido maravillosos a nivel sexual. Es más, tras 15 o 20 años de relación, las veces que se encuentran, también las disfrutas. ¿Pero son tantas como eran antes, o con la misma pasión que al principio? La actividad sexual es un tema que podemos descuidar, y que tiene una gran importancia para la relación. Es un tema en el que ambos necesitamos sentirnos satisfechos y si no es así, necesitaremos trabajar para resolverlo. En torno a la mitad de la vida, si la crisis de los 40 hace acto de presencia en la vida de tu esposo, es bastante probable que la calidad y la cantidad de la vida sexual que lleve contigo sea un factor decisivo a la hora de apostar por salvar la relación o de buscarse otra persona con quien continuar la segunda mitad de su vida. La rutina, los niños, las ocupaciones diarias, miles de problemas pueden hacer que merme nuestra vida sexual, si olvidamos esta parte de nuestra relación de pareja, también estamos dejando de lado las necesidades de nuestro compañero de vida. NO es algo que uno haga sabiendo que es perjudicial. Olvidamos que la prioridad es la persona que amamos, porque estamos tan seguras de su amor… y sin quererlo…. lo descuidamos. A veces el día a día puede ser muy pesado. Pero aun así, si es tu caso, te recomiendo leer el libro Deseo: Cómo mantener la pasión y resolver las diferencias sexuales  de Sylvia de Bejar.

como superar una crisis matrimonial

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Estos solo son dos claves. Presta atención, toma conciencia. Muchas de las mujeres con las que trabajo online dándoles asesoramiento para evitar una ruptura, un divorcio, reconocen no haber sido conscientes que la rutina se había instalado en su matrimonio. Se dan cuenta que discutían por “tonterías”, por temas que si los comparamos con lo valioso, con lo importante, con mantener unido su matrimonio, no solo son tonterías, sino que fueron errores graves que les distanciaron sin que ellas se dieran cuenta.

El exceso de confianza a veces hace que no pensemos cómo decimos las cosas, hace que creamos que nuestra pareja tiene que comprendernos, que ver siempre nuestro punto de vista. Hace que cometamos el error de justificarnos y defendernos cuando nos dice algo que no le gusta sobre nosotras…. Si tu relación está pasando por una situación delicada, es probable que no hayas sido consciente de todo lo que podrías haber hecho de manera distinta, para que esto no ocurriera. No somos tontas! NO cometemos errores de manera consciente. La realidad es que a la hora de la verdad, con 40 años, podemos ser terriblemente ingenuas y pensar que aunque las cifras de divorcios siguen creciendo en todos los países, a NOSOTRAS ESO NUNCA NOS PODRÍA PASAR! Esa misma ingenuidad tenía yo cuando la vida me sacudió, me puso a prueba, y me obligó a aprender a recuperar mi matrimonio.

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El divorcio no llega a los matrimonios donde no hay amor. El divorcio llega a los matrimonios donde hay muchísimo amor, una crisis personal hace que alguno de los dos se cuestione si es feliz en esa relación y acabe creyendo que no es feliz, que la falta de comunicación, las discusiones, la rutina, la falta de sexo son barreras infranqueables que hacen que la felicidad la puedan encontrar con otra persona y no con quien han formado su familia.

Las crisis personales NO TIENEN porqué DESTRUIR TU FAMILIA. Puedes hacer mucho más de lo que te imaginas. Desde 2010 he trabajado con cientos de mujeres para ayudarles a mantener unido su matrimonio, a mejorarlo y a luchar por que sus hijos sigan siendo felices junto a ambos, bajo el mismo techo. Y es hermoso lograr evitar sus divorcios.

Si estás en problemas, piensa en el precio que pagarás si no pides ayuda a tiempo. Quizás sea el momento de recordar esa frase que dice: Más vale prevenir que curar. o … Más vale hacer algo ahora y no llorar después.

Escríbeme, puedes responder directamente a este artículo si lo recibes por mail. Puedes dejar un mensaje en el blog, los leo en privado, y te responderé en privado si es tu deseo. También puedes escribirme directamente a mi mail y hacer algo ahora.

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Dos actitudes que destruyen

como tratar con un hombre irritable

Dos actitudes muy destructivas!

En nuestra relación de pareja, a menudo olvidamos que tenemos un 50% de responsabilidad sobre esta empresa llamada matrimonio. Que nuestra pareja se sienta más o menos feliz, no solo depende de cómo sea nuestro compañero de vida, sino también del día a día. Vivir juntos, convivir durante años, puede llevarnos a la rutina, pero también a aburrirnos de lo que no nos gusta de nuestra pareja. Es necesario asumir que nos vamos modelando. En pareja, nuestra conducta afecta al otro y la suya nos afecta. Por eso, lo mejor que podemos hacer, es tomar consciencia de nuestro 50% y hacerlo lo mejor posible. Asumir plenamente, al 100% la responsabilidad sobre la parte que nos toca.

Uno de los puntos a los que es necesario prestar atención es a estas dos actitudes destructivas de las que hablaremos a continuación.

La queja:  Cuando nos quejamos estamos sacando fuera nuestras emociones. Estamos expresando dolor, resentimiento, nos quejamos cuando algo nos frustra. Expresamos en voz alta una queja para dejar claro lo que nos disgustó de una situación, mostramos nuestra disconformidad sobre algo que ha sucedido, o incluso expresamos  con una queja esa expectativa que teníamos que no se cumplió.

El reclamo: Cuando reclamamos a nuestra pareja por algo que ha hecho o que no ha hecho, estamos protestando, buscando que se cumpla eso que creemos que “debería” hacer, reclamamos con exigencia que haga algo, o le reclamamos porque no ha cumplido una norma que nosotras tenemos.

Convivir no es un mundo color de rosa. Somos diferentes, y precisamente porque es bueno para nuestra relación que seamos diferentes, cada uno de nosotros ve las cosas de una manera, tenemos opiniones distintas, sobre TODO!!! Desde cómo se lavan los platos, hasta cómo es la mejor manera de vivir, pasando por la educación de nuestros hijos, el tiempo libre, la familia, las inversiones, el color de las cortinas….. decenas, miles de momentos donde opinar diferente. Eso quiere decir que tenemos miles de oportunidades para entrar en conflicto si no tenemos una buena gestión emocional, si dejamos escapar nuestras quejas y reclamos sin pensar en los resultados futuros de una relación donde el reclamo y la queja forman parte de la vida diaria.

Cuando tu pareja se queja de ti y te reclama a menudo, lo más normal es que se vayan generando discusiones y que incluso se sientan ofendidos por el otro, con lo que una relación matrimonial se va deteriorando y entrando en crisis. Si algo no nos gusta, si necesitamos expresar nuestras emociones de disconformidad, frustración, incomodidad, la queja y el reclamo no suelen solucionar nada. NO son una manera efectiva de solucionar una diferencia, un problema, sino todo lo contrario. La queja y el reclamo solo aumentan la distancia emocional y empeoran las cosas en la pareja.

Destructivas. Si, es el momento de tomarnos esto en serio y de poner de nuestra parte si somos quienes nos quejamos o reclamamos con insistencia a nuestro compañero de vida. Una persona quejica, no solo no consigue aquello por lo que se queja, sino que además, consigue deteriorar su pareja, que su esposo se sienta incómodo, atrapado en una relación donde no le es fácil sentirse a gusto.

Quejarnos, aunque no sea de lo que hace nuestra pareja, es improductivo. ¿Realmente nos aporta algo, como pareja, que yo me queje al llegar a casa de lo que no me ha gustado de mis compañeros de trabajo o de mi jefe? ¿Realmente es oportuno que yo le reclame a mi pareja que cumpla con todas mis expectativas?

Cuando una persona se siente atacada, no puede escuchar para comprender, sino que escucha para responder, para defenderse de ese ataque. Y la queja puede personalizarse y sentirse como un ataque personal. Si yo me quejo, por ejemplo, de que la casa no está acomodada, o pintada, mi pareja puede sentir que le estoy diciendo: Tú no has pintado la casa, o Tenemos la casa así de mal por tu culpa. Con lo que tras escuchar nuestra queja, en lugar de decir, Si, tienes razón, estaría más bonita nuestra casa si la pintáramos, lo más probable, si ha personalizado nuestra queja, es que se defienda, que nos diga con acritud, con malos modos, que Siempre estoy con lo mismo, que si no vemos que no tiene tiempo, que nunca valoramos todo lo que hace y solo hablamos de lo que no hace….

Quejarnos y Reclamar son improductivos y destructivos.

Sin embargo, como ya hablamos, nos quejamos como medio para expresar nuestras emociones. Y las emociones no es buena guardarlas, acumularlas, meterlas gota a gota en un vaso, porque a la larga acabamos sintiéndonos ahogados por el dolor, el resentimiento o la frustración. Tan destructivo es, a largo plazo, callar todas nuestras emociones, por no enfrentarlas, que soltar todo lo que sentimos, sin tener empatía ni asertividad.

La empatía y la asertividad son indispensables, y pilares fundamentales de una buena comunicación en pareja. Puedes leer como superar una crisis matrimonialmás sobre esto en mi libro El arte de No amargarse el Matrimonio.

Antes de “soltar” lo que nos duele, o cuando nos damos cuenta que estamos “callando” lo que nos disgusta para evitar el conflicto, es necesario tomarnos un tiempo para pensar, para hablar con uno mismo, y para preparar a conciencia la conversación en la que vamos a expresar con pleno respeto y sin apuntar con el dedo acusador al otro.

Solemos cometer el error de empezar a hablar desde la situación que nos incomoda, y no desde cómo nos sentimos. Ponemos énfasis en lo que nos desagrada del otro, cuando la manera más sana de enfocar esta conversación es centrándolo en nuestras emociones.

Los demás “no ven” nuestros sentimientos. Nosotros no sabemos qué le molesta o le duele al otro. Por eso, la comunicación asertiva y empática, la escucha activa, el no personalizar y el no culpar ni acusar el otro son fundamentales para mantener una relación sana y en crecimiento.

No es lo mismo escuchar: No me gusta que hables de mi, no me gusta que digas que no me gusta la salsa de tomate, que escuchar: ¿Sabes cariño? Me siento incómodo cuando dices en un restaurante, con amigos, que no me gusta la salsa de tomate. Para mí sería mejor que no lo explicaras a los demás, me sentiría mejor y más a gusto. Gracias! 

Si algo nos duele, y lo soltamos atropelladamente, esa discusión o conflicto le dolerá a nuestra pareja. No se centrará en comprender qué le estamos diciendo, no podrá escuchar y comprender nuestras emociones, como nos hemos sentido para decirle esto, sino que se quedará con la “forma” en la que le dijimos las cosas, con el dedo acusador que le señala, y eso irá minando nuestra relación de pareja.

Si actuamos de manera pasiva, acumulando gota a gota las situaciones que nos incomodan, corremos el riesgo de explotar por la presión acumulada. Jamás discutimos desde cero, porque por lo general, con nuestro cónyuge, los temas susceptibles de generar conflictos suelen ser los mismos, año a año, y eso hace que cada nuevo conflicto se viva desde la misma presión en la que acabó el anterior, que aún no hemos resuelto.

Si tu pareja no se queja nunca, ni te reclama nada, puede estar acumulando emociones dolorosas. Intenta ponerte en su lugar, busca no imponer cómo hacer las cosas, respeta que pueda opinar diferente, incluso aprende a reconocer su lenguaje corporal para detectar cuándo se está sintiendo mal aunque no hable.

Si tú, en el pasado, te has quejado demasiado, si en lugar de valorar lo bueno de tu pareja, has hecho lo contrario, reclamándole cuando algo no te ha gustado, luego de analizar tu actitud, intenta encontrar un momento propicio para decir: Lo siento. Para decirle; Perdóname, se que pones lo mejor de ti, no debería haberme quejado.

Responsabilizándote al 100% de tu 50% mejorarás tu vida y también la suya.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

Si tienes dificultades para comunicarte, si usas mucho la queja y el reclamo, y no sabes cómo detener esta conducta. Si por el contrario hay situaciones que te duelen y las vas tragando y acumulando, en ambos casos hay solución. Pedir ayuda es valorar nuestra familia, es amar a nuestros hijos y es responsabilizarnos de nuestra propia felicidad. Trabajar en mejorar, en nuestro crecimiento personal es la mejor inversión que podemos hacer para nuestro futuro.

Crisis de Pareja ¿cómo se vive desde dentro?

A veces, cuando estamos sumidos en nuestro dolor, cuando se ha hecho tan grande , cuando nos pide atención, es difícil ver más allá de lo que nos está ocurriendo ahora mismo. Por eso, es bueno tomar cierta distancia de “nosotros” para poder ver con mayor claridad qué está sucediendo.

¿Cómo se inicia una crisis de pareja?

La crisis en una relación no empieza el día en que tu pareja te dice que quiere el divorcio, no comienza el día en el que te dice que no sabe si te quiere, o que sus sentimientos han cambiado, ni cuando te dice que necesita estar solo o sola. Ese es el momento en el que una crisis se hace evidente para la otra persona, pero no para quien siente que su relación no va bien. Estos sentimientos han empezado ya unos meses antes.

Durante semanas, meses, tras alguna discusión, tras momentos en los que se ha sentido objeto de las críticas de su pareja, tras episodios donde se ha sentido objeto de desprecio o indiferencia surgen emociones negativas. Las críticas, las discusiones (incluso por tonterías), el no sentirse apreciado y el no sentirse importante para el otro son situaciones de gran impacto emocional que hacen que uno se cuestione su relación de pareja.

Una persona que empieza a pensar si su relación le es satisfactoria está recibiendo el germen del divorcio. Cuando esta semilla se alimenta, cuando en nuestra mente pensamos de manera continuada en que no somos felices y que nada de lo que hagamos nosotros puede cambiar esa situación, la idea del divorcio se va alimentando y creciendo hasta convertirse en algo tan grande que no podemos ocultarlo.

La persona que ha empezado a dudar de su relación cambia su actitud hacia su pareja. Se muestra distante, menos afectiva, menos comunicativa. Y la otra parte nota esa distancia, ese enfado, con lo que su actitud también cambia y empieza a reclamar más tiempo, más contacto, más comunicación, más afecto… consiguiendo que quien ha empezado a pensar en el divorcio se sienta presionado, cada vez más metido en una situación de estrés que se vuelve insostenible.

El desvalimiento aprendido es una de las causas que alimentan el germen de una crisis matrimonial. Una persona que se siente mal y que siente que nada de lo que haga puede cambiar la situación, de deja inundar por lo que Martin Seligman, (el padre de la psicología positiva) denominó “desvalimiento aprendido”. En lugar de decirse a uno mismo, Me siento mal, necesito expresar lo que no me gusta y buscar mejorar mi relación, porque quiero a mi pareja. Lo que su mente se dice es: Nada de lo que yo pueda hacer o decir hará que esta situación cambie, mi pareja no va a cambiar y lo mejor será que me aleje.

Algunas personas, ante las situaciones que les generan dolor, empiezan a expresarlo. Pero no reciben la respuesta que necesitaban de la otra parte. Por ejemplo, si su pareja critica que trabaje demasiado, o que no pasan tiempo juntos, puede que le digan que tiene que trabajar, o que quiere ocupar una parte de su tiempo libre haciendo lo que le gusta, pero aún después de haberlo dicho, su pareja no le comprende. Y no es que no le haya escuchado. Desde luego que no!! Si lo ha escuchado. Lo que ocurre es que para SER COMPRENDIDOS PRIMERO ES NECESARIO COMPRENDER AL OTRO. Y este paso, por lo general, nos lo saltamos.

Si hablamos sobre lo que necesitamos y no recibimos una respuesta satisfactoria, puedo asegurarte que es porque no hemos comprendido a la otra persona primero.

Hagamos ahora un breve resumen de la secuencia cronológica de una crisis de pareja.

  • Se viven situaciones dolorosas, conflictivas.
  • Se intenta cambiar o hablar sobre estas situaciones, sin resultados
  • Se siente impotencia, desvalimiento aprendido, desilusión por no conseguir cambios
  • Se convence a uno mismo que la solución es la separación.
  • Se expresa a la pareja su deseo de separarse.

Una crisis de pareja es como un iceberg. La parte que está por encima del nivel del mar es mínima comparada con la parte que está por debajo.

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Cuando nuestra pareja nos expresa que necesita tiempo, que no sabe si nos quiere, que no siente lo que debería sentir, que nos quiere pero se ha perdido la ilusión, solo estaremos viendo la punta del iceberg. Y desde esa falta de comprensión, nuestra reacción en ese momento puede no ser la más apropiada. ¿Cómo actuar cuando desconocemos lo que está ocurriendo? No es nada sencillo. Es imprescindible no juzgar al otro, sino intentar comprender porqué ha llegado a sentirse así. Cuando una persona pide el divorcio, no lo hace porque se haya vuelto loca, no lo hace porque haya perdido los valores y principios, no lo hace porque sea mala persona. Sino porque imagina que en el futuro no podrá ser feliz en esta relación. Y detrás de ese pensamiento se esconde la parte sumergida del iceberg.

crisis de los 40 en el hombre

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¿Qué le pasa a mi esposo? fue el libro que publiqué tras nuestra propia experiencia, cuando mi esposo, tras 21 años juntos me pidió tiempo. Estaba en ese momento frente a la punta del iceberg. Fueron necesarios muchos meses para poder comprender qué ocurría y porqué estaba ocurriendo. Hasta ese momento eramos una pareja envidada por todos, nuestras muestras de amor eran continuas, yo me sentía amada y creía que mi esposo también. Y fue un verdadero shock enfrentarme a la posibilidad de ver a mi familia desmembrada tras un divorcio.

La crisis de los 40, aunque muchas personas digan que no existe o que no es lo que les ocurre cuando plantean una separación, es una realidad. Las estadísticas de divorcios en España, muestran claramente que la mayoría de divorcios durante el 2014 se dan en la franja de edad comprendida entre los 40 y los 49 años. ¿Casualidad? Si miramos las estadísticas de años anteriores, las cifras se repiten con insistencia. La edad promedio de divorcio en hombres es 44 años y en mujeres, 42. ¿Mera casualidad? Yo opino que no. Incluso hay estudios científicos que demuestran que el descenso de la felicidad durante los 40 tiene raíces biológicas ya que compartimos la infelicidad con simios y orangutanes.

crisis de los 40 y divorcio

Pero como dice la frase de Mark Twain:

Resulta más fácil engañar a alguien que convencerlo de que ha sido engañado.

Resulta misión imposible mostrarle a una persona que su infelicidad es algo biológico, habitual, que afecta a miles de millones de personas en el mundo, que ha afectado incluso a sus padres, a los nuestros y que es lo que le está afectando ahora, porque su mente le ha engañado.

Nadie duda de lo que su mente dice, ¿verdad?

Es más fácil ser engañados, incluso por nuestra propia mente, que aceptar que hemos sido engañados. Lo negamos, nos resistimos a aceptarlo, justificamos que nuestra infelicidad proviene de nuestra pareja, encontramos motivos más que suficientes para culpar a la otra persona de todo lo  negativo que sentimos…. Y esto, es otro engaño más de nuestra mente. Cuando una persona quiere tomar una decisión que va contra sus principios y valores, su mente recurre a un mecanismo denominado en Psicología  “disonancia cognitiva” . Justificamos el dar un paso que va contra nuestros valores con otras ideas, creencias, que añadimos para dar peso a la decisión que está en disonancia con lo que no haríamos según nuestros valores. La explicación más clara de esta treta de nuestra mente la tenemos en el hecho de empuñar un arma. Una persona que no ha matado jamás a nadie, y que ni se le ha cruzado por la cabeza hacerlo, puede incluso dar una explicación a su juicio lógica y razonable tras haberlo hecho. Puede hablar de defensa propia, o de nacionalismo, o de justicia. Nuestra mente jamás quiere que seamos el malo de la película, por eso se sirve de la disonancia cognitiva y del victimismo cuando estamos en situaciones de dolor.

@vikimorandeira

Una crisis de pareja, cercana a los 40 de la persona que ha pedido el divorcio, es una consecuencia directa de haber acumulado situaciones de dolor y tensión que no ha expresado, que ha expresado y no han sido comprendidas por la otra parte. Es la opción que creen que tienen tras hacer balance de sus vidas y ver que no están haciendo lo que les gustaría hacer. Sus metas creen que solo pueden lograrlas si se divorcian. Creen que sus parejas son las culpables de su infelicidad y que incluso “deberían haber hecho las cosas de otra manera”.

Pero no las hemos hecho de otra manera. Hemos cometido errores y esos errores le han generado dolor a la persona que más amamos en el mundo. Incluso desde el amor y con las mejores intenciones, se obtienen pésimos resultados.

Esto es completamente habitual., porque nadie puede leernos el pensamiento y mucho menos “leer nuestros sentimientos”. Algunas de nuestras emociones tienen raíces tan profundas que llegan hasta nuestra infancia, la relación con nuestros padres, hermanos, familiares y eso es imposible que nuestra pareja pueda saberlo. Incluso siendo psicóloga! He trabajado con más de una psicóloga que tuvieron que enfrentarse a su propia crisis de pareja, a la posibilidad de ver rota su familia. He de decir que en los tres casos conseguimos evitarlo y hoy son parejas más maduras, más sanas y completamente felices!!

Si sientes que tu felicidad solo llegará mediante el divorcio, si tu pareja te ha pedido tiempo, te ha dicho que no sabe si siente lo que debería sentir, si te ha dicho que siente que son como dos compañeros de piso…. es HORA DE COMPRENDER Y DE SUMERGIRSE PARA VER EL ICEBERG COMPLETO.

Una crisis de los 40 de mi esposo, tras 21 años juntos, con tres hijos, estuvo a punto de romper nuestra familia. Y no me rendí. Este año celebraremos 29 años juntos. Desde mis 15 y sus 17. Y puedo asegurar que ambos estamos felices, incluso más que antes.

Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Y esto aplica perfectamente a una pareja en crisis. Puedes dejar que esta crisis la mate, o puedes sacudirte el victimismo y convertirte en parte de la solución. Tus padres pueden haberlo hecho por ti, para evitarte el dolor de ser un hijo-maleta. Tú puedes hacerlo por tus hijos, porque merece la pena luchar por lo que ha sido hermoso para que vuelva a serlo. como superar una crisis matrimonial

El arte de no amargarse el matrimonio fue mi segundo libro en este tema. Tras varios años trabajando con mujeres y hombres que llegaban a mi en el peor momento de sus vidas, cuando su futuro y el de sus hijos se había desvanecido delante de sus ojos, me producía mucho dolor saber qué situaciones habían llevado a su pareja a esa crisis y no poder llegar antes. Todos cometemos errores, somos humanos, y no leemos la mente del otro, por eso, leer lo que ha llevado a muchos matrimonios al borde del divorcio es la mejor manera de tomar conciencia de nuestros propios errores para evitarlos y así prevenir, que siempre es mucho mejor que lamentar.

Una crisis de pareja es uno de los momentos más difíciles de todo ser humano. Si a ninguno de los dos les duele, pensar en separarse, es probable que sea la mejor decisión. Pero si a ambos les duele este momento, lo más probable es que estén por tomar la peor decisión de sus vidas.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

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